Las pisadas irreverentes se acercan hacia mí,
suben por la calle de mi inestabilidad
como si yo mismo las comandara subversivas de amor,
hacia no se dónde,
hacia la esquina de tus ojos, cerca de tú compasión,
hacia donde no hay nadie también.
Entonces, aquellas pisadas se vuelven intuición,
una intuición moral, casi culpa.
Entonces, son patadas las que se vuelven hacia mí,
patadas en el alma
que terminan por hacer gritar eufórica la desesperación
que se mantenía oculta en algún rincón de una piel que conozco.
Al final ya no hay pisadas, ya no hay patadas,
se quemo la piel
y todo es paz
inestable e ilusoria,
paz suicida diría mi AlterEgo,
pero paz al fin y al cabo.
suben por la calle de mi inestabilidad
como si yo mismo las comandara subversivas de amor,
hacia no se dónde,
hacia la esquina de tus ojos, cerca de tú compasión,
hacia donde no hay nadie también.
Entonces, aquellas pisadas se vuelven intuición,
una intuición moral, casi culpa.
Entonces, son patadas las que se vuelven hacia mí,
patadas en el alma
que terminan por hacer gritar eufórica la desesperación
que se mantenía oculta en algún rincón de una piel que conozco.
Al final ya no hay pisadas, ya no hay patadas,
se quemo la piel
y todo es paz
inestable e ilusoria,
paz suicida diría mi AlterEgo,
pero paz al fin y al cabo.

3 comentarios:
El alterego suele tener más verdad que la razón, toda paz es suicida, definitivamente, suicida de tantas cosas, de todas las cosas, aniquiladra de posicibilidades, como todo tajante estado ;)
Si, todo encuentro casual es una cita, o no?
No, eso no pasa, no son inversamente proporcionales.
Tengo una ligera idea de quien puedes ser eh!!
jaja
Saludazos, nos estamos leyendo!
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