martes, 24 de marzo de 2009

Escapatoria 2

Varios minutos de silencio se deberían acumular en mi voz,
varios minutos de silencio para no despertar ilusiones,
para que el vacío de palabras me impida pensar.

viernes, 20 de marzo de 2009

El tiempo se contrae, poniendo contra la pared ilusiones y fantasias que en algún momento parecieron ser la única verdad. Hace algunos instantes comence a sentir que nada hay en mi, sólo siluetas de algún contenido irreproducible en la realidad que compartimos.

sábado, 13 de diciembre de 2008

ಹಬ್ಲಾನೋ ಅ ಲ pared

No son buenos tiempos para hablar de SuiciDios

lunes, 8 de diciembre de 2008

Escapatorìa 1

Por un momento pensé que éramos una pelota, entonces el presente rebotaba en una pared que era el futuro y volvíamos al pasado.

viernes, 5 de diciembre de 2008

devenir y tuberculosis

si siguiera haciendo las mismas cosas que hacia hace 10 años creo que sería un recuerdo

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Fragmento XI - XXIV

“dame tus manos siente las mías, como dos ciegos”
Roque Narvaja


Creo que lo pensé apenas abrí lo ojos: quiero sobrevivir a mis fantasías. Antes de entrar a la ducha escribí en mi libreta de frases celebres: quiero sobrevivir a mis fantasías. No sé si lo escuche, no sé alguien lo dijo en alguna revista o si forma parte del guión de una película, no sé si alguien lo pensó antes de que apareciera en mi mente, sólo sé que quiero sobrevivir a mis fantasías.
Es un día como cualquier otro en Villa Alemana, en casa todos han realizado sus rituales cotidianos. En mi vida la rutina consiste en no planificar nada, pero a la vez me he acostumbrado a hacerles creer que tengo una rutina estrictamente diseñada, así que por las calles de mi vida voy mezclando la verdad y la mentira como dice la canción, ya saben: levantarse temprano, acudir a la universidad, regresar agotado al atardecer y acostarme a una hora decente. Una imagen bien organizada, acorde con la vida de una joven de clase media que se esfuerza por ser alguien en la sociedad. Pero la verdad es otra, suelo levantarme bien entrada la mañana casi empezando la tarde y acostumbro excusarme con frases como “hoy el profesor no ira”; luego viajo a Valparaíso para refugiarme en alguna playa donde fumo y me invento fantasías de alguna otra vida y sólo cuando regreso a casa me acuerdo de lo solo que estoy. Así es mi vida, qué voy hacer si ella me eligió, diría otra canción
Pero ya les dije quiero sobrevivir a mis fantasías. Hoy es un día distinto, me he levantado temprano, tengo muchas cosas que hacer. Hoy nos conoceremos, por eso no he dejado ningún detalle a la deriva. Mientras las derrotas de la humanidad se mantienen intactas como ayer, yo planeo dar un golpe preciso y certero que sacuda mi vida.
Ansioso, desesperado, recogiendo las hojas del árbol caído, voy al velador saco el clonazepan, repito mis parlamentos, me peino, calculo mis tiempos, repaso los temas más importantes para una conversación perfecta, guardo las llaves y recuerdo la primera vez que me sentí bien.
En la eterna estación del tren de Quilpue, donde pululan acaloradas parejas y viejos borrachos que violan con sus rancias miradas a las colegialas, me senté a esperar el bus con destino a Santiago, durante los quince minutos subsiguientes revise compulsivamente cada detalle. No viajo en bus nunca, desconozco Santiago. Hundí el dedo en el botón de play y me hundí un track que duro dos horas. Compulsivamente recorrí todas los mp3 compartidos, las confidencias familiares, las mentiras, las ilusiones, los celos, las letras, los impulsos y la narración que les estoy contando. Un perro se atravesó frente al bus, repentinamente pensé en el fracaso, en lo fascinante de algunas armas, en los finales posibles y en una pistola.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Fragmento I

Vivir en un lugar que no se nació es como ocupar un cuerpo ajeno, nunca antes deseado destinado a hacer la voluntad de otros. Ese cuerpo es la biografía anónima previamente elaborada por la inconciencia histórica para un sujeto que sin quererlo debió despreciar el suelo donde lo parieron. Según se escriba la historia el cuerpo de aquel sujeto se vestirá de obrero, empleada, prostituta, ladrón o borracho, lo único claro hasta el momento será su inferioridad.

El impulso esperanzado de los primeros pasos se esfumara en volutas de humo que no se llevarán sus preocupaciones, sólo postergarán para mañana la sensación de la tripa pegada a la panza y el llanto de la cría que es su fracaso reflejado.

Así las quejas silentes de ese sujeto ajeno se empiezan a ahogar en un vaso vacío del vino más barato para luego gritar con azotes en el culo de su hijo, quien sabe que bajarse los pantalones al final del día es lo único posible antes de dormir porque las humillaciones de sus compañeros se lo dijeron a primera hora de la gélida mañana, porque su uniforme es una piltrafa, porque la televisión le (de) mostró que nadie vive como él.

La angustia hierve en esas venas alcoholizadas cuando todo lo que entre montes, vacas y mariscos lo hacían reír en la gris ciudad se convierte en malas costumbres, sólo dignas de ser ocupadas para descargar sacos en el muelle o para ser empleadas en la casa de alguna familia arribista, en fin la rasca marca heredada del suelo nativo.